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Quise adornar con rosas la mañana...





No sé que me hizo más ilusión, si saber que Marisol era la hermana de José Luis Perales o la autora de las letras de mis canciones infantiles preferidas, entre ellas "Erase una vez un planeta triste y oscuro..", por cierto, he caído en la cuenta de que en 1979, cuando se estrenó la serie de televisión, yo tenía 17 años !de niña nada! pero mi espíritu infantil seguía intacto.

El caso es que cuando supe que el poeta Jesús Urceloy presentaba el primer libro de poesía para adultos de Marisol Perales, allí estaba yo, dispuesta a disfrutar del evento, y lo hice y !mucho!, primero del paseo, en una de esas tan agradables mañanas de brisa y sol del mes de septiembre, después de un café (con galletita Lotus incluida) en la esquina de la calle Mayor con Bailén, tomando apuntes y dejando volar un poquito la cabeza hacia mi próximo poemario infantil y después disfrutando de la calle Sacramento, tan pulcra ella, con sus caserones y blasones adosados a sus fachadas.

La Biblioteca Municipal Iván de Vargas, donde se presentaba el libro en cuestión, es un edificio singular, con un patio acristalado en el que te sorprenden dos impresionantes magnolios que según su aspecto hubieran preferido ser palmeras, una preciosidad. Os dejo un enlace para informaros de esta joyita de biblioteca, su historia y usos. Existen visitas guiadas a la biblioteca.





Bajando del magnolio, yo siempre ando por las ramas, voy a buscaros alguna flor en la obra de Marisol Perales. Flores. Si las buscas siempre las encuentras, especialmente en la voz del poeta, no hay poeta que diga llamarse así y no haya escrito nunca un poema donde la flor aparezca, naciendo, creciendo, muriendo o resucitando .

Y efectivamente en el poemario de Marisol Perales están presentes, no podía ser de otra manera.

Es por eso que he elegido el título de esta entrada entre uno de sus versos:

Quise adornar con rosas la mañana, eso es lo que hace ella, adornar con "versos" la mañana.

En el poema "Vuelvo" las flores vuelven a estar presentes


"...Y vuelvo al mes de mayo con flores a María

"y al corro chirimbolo y a la pata coja".

Vuelvo al nido de abeja al festón y al pespunte,

al título de un libro..."


Nos dice Urceloy en el prólogo del libro que "...Marisol construye el verso con minuciosidad milimétrica pero con tanta sencillez que parece que el verso le sale así, como quien respira. Sentimentalidad y trabajo. Vida y memoria. La condición que nos hace ser y no sólo transcurrir por el pasillo apagado de la vida, ese pasillo que necesita de la pequeña luz de cada uno encendida para los demás..."

Abrir este libro, Este Aire, es como abrir un cofrecillo y encontrar pedacitos, retazos de papel ordenados por fechas, por vivencias, por etapas vitales, es un tránsito ordenado, porque Marisol debe tener una cabeza donde cada cosa ocupa su lugar, si la casa estaba sucia ella la ha dejado bien limpia y ordenada, ahí están sus recuerdos de infancia, los que han ayudado a forjar un carácter que no se deja vencer ante el desamor o los avatares de la vida. Lo sé, lo sé, la estoy poniendo por las nubes, pero es lo que siento después de leerla y escucharla, porque en realidad...!es la primera vez que la veo en mi vida!

Pero como veo que ella deja la puerta abierta y me dice "pasa, pasa, estás en tu casa" pues yo voy y entro. todo esto no lo digo yo, lo dice ella, con su manera de expresarse, el amor a sus hijos y el orgullo por sus nietos, por cierto, todos guapos, en fin se nota que aquí hay alguien que ha dedicado mucho tiempo a "hacer familia"

En este o con Este Aire, Marisol recoge la cosecha de una vida cabal, cada poema es una espiga y así le nace el verso. Sus poemas llegan sin tormento, en palabras de San Juan de la Cruz "estando ya mi casa sosegada", son palabras rumiadas a lo largo del tiempo hasta haber conseguido llegar a ser un buen alimento para el alma y llegan en paz, sin grandes alaracas o como diría el Profesor Urceloy sin arrastrar las tripas por un zarzal pero no os dejéis engañar aquí no encontraréis ni blandenguería ni ñoñez, aquí lo que hay es mucha chicha.


Sálvame.

De una noche sin astros

De los cuatro colores de la atmósfera

Del espejo del cuarto de baño

De las flores que nunca resucitan


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