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Las flores en la Tierra, su razón de existir




¿Alguien puede asegurar que no existan las flores en otros planetas? bien es cierto que recientemente el hombre ha conseguido, eludiendo la ley de la gravedad cultivar una flor en el espacio pero ningún científico puede asegurarme que fuera de nuestro sistema solar no existan otros mundos que no alberguen flores tan bellas o más que las de nuestro Planeta y si fuera así las cuidaríamos tanto como hizo El Principito en su planeta imaginario.

"El encanto de una flor está en sus contradicciones – tan delicado en la forma pero fuerte en el perfume, tan pequeño en tamaño pero grande en belleza, tan breve en la vida pero con un efecto tan largo"

Terri Guillemets



Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples, adornadas con una sola fila de pétalos, que ocupaban poco lugar y que no molestaban a nadie. Aparecían una mañana en el pasto, y luego se extinguían a la noche. Pero ésta había brotado un día de una semilla traída de no se sabe dónde, y el principito había vigilado muy de cerca esa ramita que no se parecía a las otras ramitas. Podría tratarse de un nuevo tipo de baobab.

La verdad es que nunca me había planteado que las flores fueran inteligentes, de hecho poco favor le hemos hecho al reino vegetal con expresiones como estas "más que vivir vegetas" "estado vegetativo" para referirnos a alguien cuyo cerebro no funciona, "parece una planta que ni siente ni padece etc

Sin embargo hace unos años descubrí a un científico y poeta que me trasladó a una nueva dimensión para apreciar y descubrir la existencia de las flores, su razón de ser. No deja de fascinarme, me abre los ojos a la luz y a partir de ese momento mi concepto del mundo vegetal adquiere nuevos matices. Ya le he citado en varias ocasiones en mis posts pero cada vez que escucho sus palabras aprendo y descubro cosas que me ayudan a crear una corriente de afecto y agradecimiento a ellas y quiero que a vosotros os ocurra lo mismo porque a veces no las tratamos con el respeto que se merecen y la verdad es que nos necesitamos mutuamente y tenemos que establecer una nueva forma de relacionarnos.


Y la energía de la idea fija, que sube de las tinieblas de sus raíces para organizarse y manifestarse en la luz de su flor, es un espectáculo incomparable.

Si es difícil descubrir, entre las grandes leyes que nos agobian, la que más pesa sobre nuestros hombros, respecto a la planta no hay duda: es la que la condena a la inmovilidad desde que nace hasta que muere. Así es que sabe mejor que nosotros, que dispersamos nuestros esfuerzos, contra qué rebelarse ante todo. Y la energía de su idea fija, que sube de las tinieblas de sus raíces para organizarse y manifestarse en la luz de su flor, es un espectáculo incomparable, en palabras de Materlinck:



«...Que encontremos algunas plantas y flores torpes o desafortunadas no significa que estén completamente desprovistas de sabiduría e ingenio. Todas ellas, en efecto, se aplican en culminar su obra, y todas tienen la magnífica ambición de invadir y conquistar la superficie terrestre multiplicando hasta el infinito la forma de existencia que representan. Para conseguirlo, y a razón de la ley que las encadena al suelo, deberán vencer dificultades mucho mayores que las que desafía la multiplicación de los animales. Así, la mayoría de ellas deben recurrir a artimañas, combinaciones, mecanismos y trampas que, en el ámbito de la mecánica, la balística, la aviación o la observación de los insectos, a menudo sobrepasan las invenciones y los conocimientos del ser humano.»Todas ellas, en efecto, se aplican en culminar su obra, y todas tienen la magnífica ambición de invadir y conquistar la superficie terrestre multiplicando hasta el infinito la forma de existencia que representan.


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